La economía, pseudociencia creada para mantener la mentira del crecimiento ilimitado
On 12 septiembre, 2018 | 0 Comments

La economía es tan antinatural y en contravía de toda manifestación de la vida y de las leyes de la física, que su sola existencia es una aberración, que surge de la astucia fantasiosa del humanoide más instintivo, el cual predomina sobre este planeta.

Gandhi dijo una vez: “En la Tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”. Y de eso trata la economía, de justificar y mantener viva la pulsión de la codicia desmedida que nunca puede ser satisfecha, como el adicto que es capaz de cualquier falsedad o delito por conseguir una dosis más de la droga que lo consume, llámese ésta heroína, alcohol o dinero; qué más da.

Pues así, arrastrados a la autodestrucción por la avaricia; como cualquier adicto que está dispuesto a vender su cuerpo y alma por una dosis más, la economía es como el proxeneta que nos mantiene surtidos lo suficientemente poco para estar dependiendo constantemente de su falso “interés” y a la vez soportando sus vejámenes, maltratos y abusos.

Para este propósito la economía cuenta con un variado surtido drogas distribuidas por eficientes carteles y mafias con el más moderno arsenal experto en camuflaje, avezados en las últimas tácticas y técnicas de inteligencia, contrainteligencia y lavado de cerebros.

Solo por mencionar algunos de estos múltiples recursos con que cuenta la economía están: el interés sobre el dinero, la publicidad, la obsolescencia programada, los medios de comunicación, los bancos centrales, la moda, la religión, la guerra, las jerarquías sociales, la estadística, el sistema cambiario, la seguridad, el sistema financiero, la especulación accionaria, el terrorismo,  entre otros.

Es tanto el descaro y desfachatez de la economía que nunca ha acertado en alguna de sus propias predicciones; aun inventándose ella misma sus propias reglas. Ha fracasado tantas veces y tan consistentemente que se atreve a seguir mintiendo con tal altivez que solamente puede hacer esto posible porque cuenta con su propio estrambótico pseudolenguaje y su exclusiva y pequeña élite que  justifica y racionaliza sus mezquinas decisiones según la conveniencia del momento.