La guerra, la opción de los débiles
On 1 febrero, 2019 | 0 Comments

Tal como una pataleta explosiva de un niño tal cual son las guerras, no existen las guerras racionales todas tienen su origen en instintos, temores y emociones descontroladas, obviamente después de que inician cada bando utiliza todos sus recursos, incluso la razón, para mantener sus aspiraciones o fantasías de un hipotético triunfo.

Realmente en cualquier guerra no hay triunfo alguno ya que sólo es animalidad corrompida por la intelectualidad inconsciente del falso humano, primate dotado de herramientas cerebrales de las cuales no tienen control alguno, por ende, siempre perdemos y perdemos lo más valioso, nuestra poca humanidad que aún nos quedara.

La guerra nos convierte en mejores y más astutos depredadores de nuestra propia especie acelerando geométricamente la devastación de los recursos limitados de nuestro planeta, apurando la ya inevitable entropía que nos consume día a día.

La destrucción que conllevan las guerras es considerada, para algunos historiadores y por la postiza pseudociencia de la economía, como una fuente de desarrollo económico.  En el siglo pasado las principales guerras generaron grandes estallidos de mejoramientos tecnológicos y económicos los cuales han producido grandes facilidades y comodidades en parte de la población a costa del deterioro de estas en la mayor parte de la humanidad.

Haciendo una analogía, aceptar la guerra como medio para el desarrollo tecnológico y económico es igual a la decisión de un adolescente de escoger robar y matar para poder obtener el último celular y las zapatillas de moda, en vez de esforzarse en aprender, trabajar y madurar orgánicamente para conocer que es lo que realmente desea y así obtenerlo a través del fruto de su esfuerzo.

La guerra, la violencia y la impulsividad son las peores acciones que cualquiera que quiera considerarse humano pueda tomar.