La normalidad de la mentira, origen de la enfermedad
On 24 septiembre, 2018 | 0 Comments

Aunque muchos creen que la enfermedad o carencia de salud se deba a causas externas y azarosas como el ambiente, gérmenes, virus, bacterias, etc., otros la atribuyen a la predestinación,  como los genes, o designios de algún ser superior.

Ambas visiones del origen de la enfermedad colocan al ser humano en una posición pasiva, como una víctima de una ciega revolución, la cual espera su ejecución sin comprender porque debe perder la  vida ante una muchedumbre enardecida que sólo destila  odio y resentimiento; y  que cree que puede mitigarlo al ver correr la sangre de otros.

Esa pasividad e irresponsabilidad ante nuestro propio bienestar posiciona a nuestra existencia como una fuente ilimitada de temor y miedo a la propia vida, ya que desde esta posición, sólo nos queda mantenernos asustados de que en cualquier momento y sin razón alguna padeceremos de alguna enfermedad o falta de salud.

A la sombra de esta falacia crecen  gigantes industrias que se alimentan del miedo a la muerte, tales como la industria de la salud: farmacéuticas, especuladores de la medicina pre pagada, conglomerados de administración, hospitales, universidades, etc. Otras de las industrias que se lucran de este miedo son la de los seguros; que promete alivio del futuro incierto pagando ahora, y la de los préstamos que ofrece vivir  y poseer lo que deseemos ahora mismo, embargando nuestro futuro y esclavizándonos voluntariamente.

La realidad, desprovista de las pasiones que genera el miedo a la muerte puede ser aunque cruda muy satisfactoria, ya que sugiere que nuestra salud es nuestra responsabilidad individual, incluso hasta los accidentes en que nos veamos involucrados también son nuestra responsabilidad. Esto se debe al delicado balance que existe entre nuestro cuerpo y nuestra psique.

Este balance en constante desequilibrio es la vida, y la madurez con que asumamos esta responsabilidad determinará el precario equilibrio de nuestra salud. La causa más común de este desbalance es el auto engaño y su manifestación más generalizada es la mentira, ya que al mentir a otros primero tenemos que engañarnos a nosotros mismos, y este proceso genera una profunda incoherencia que descompensa nuestra armonía y nos conduce a la enfermedad que se manifiesta en la somatización de lo que no queremos asumir mental y emocionalmente.