Qué tanto podemos cambiar nuestros mecanismos psicológicos
On 15 septiembre, 2018 | 0 Comments

Era una más de las muchas reuniones que periódicamente hemos realizado durante varios años para cumplir con los estatutos de la organización y palear el quehacer operativo de la misma; y aunque los desafíos y los aciertos han cambiado a través del tiempo, así como algunos de sus miembros, algo había permanecido constante, los conflictos motivados por las bajas pasiones, los instintos inconscientes, la ambición de poder personal, el deseo desmedido de reconocimiento y la testarudez imbécil para llamar la atención. ¿Cómo era esto posible después de tantos años?

La respuesta parece ser muy simple, nuestro cuerpo envejece, nuestra salud se deteriora, nuestro entorno cambia y la entropía nos va devorando a su propio ritmo pero nuestros rasgos de personalidad se mantienen inalterables, casi inmutables. ¿Por qué no podemos cambiar, así nos lo propongamos?

Porque no queremos hacerlo realmente, porque no podemos quererlo realmente, porque el que quiere cambiar no es el que decide cambiar, ni tampoco el que ejecuta las ordenes de cambiar, ni siquiera es el mismo que se le ocurrió la idea de cambiar, lo cierto es que no hay un yo o un alguien detrás de este proceso que asuma la responsabilidad sino que existen múltiples yoes que se alternan aleatoria y caprichosamente entre sí para tener su instante de poder al control de la personalidad.

Tal como en una de nuestras frágiles democracias en la cual una moderna horda de barbaros políticos corruptos que cometen cualquier cantidad de actos inmorales para obtener un puesto de poder que les permite saquear el erario público para su egoísta lucro por un corto periodo de tiempo y que entre más astutos y mal intencionados más oportunidad tendrán de repetir en el cargo.

Asimismo funciona nuestra psique, miles de yoes se pelean por quedarse a cargo del yo de la personalidad, más sin embargo, sólo unos pocos lo logran por unos cortos periodos de tiempo y cuando se creen que ya se pueden afianzar en el poder son reemplazados por cualquier otro como jugador de ruleta de casino que cree que lo acompaña la suerte, pero siempre gana la casa.

En nuestro caso la casa siempre gana, y la casa se llama la personalidad: ese conjunto de mecanismos inconscientes que se formaron en los primeros 7 años de vida y se terminaron de ajustar y engranar en los siguientes 14 hasta conformar un autómata inconsciente y totalmente funcional socialmente hablando.

Por esta razón es que somos fácilmente predecibles porque la personalidad tiene el juego amañado y siempre gana, siempre cometemos los mismos errores y volvemos a cometerlos una y otra vez sin que podamos aprender de ellos, obviamente también trae sus beneficios, ya que no tenemos que hacernos cargo de nosotros mismos y podemos transcurrir por la vida como sonámbulos, actuando como si estuviéramos despiertos pero en un estado de duerme vela soñando una vida onírica sin lograr vivir la vida propia del verdadero ser.